viernes, 7 de mayo de 2010
miércoles, 5 de mayo de 2010
Suponiendo que digamos que sí a un solo instante, no es solamente a nosotros a los que hemos dicho sí, si no a toda la existencia. Nada, en efecto, tiene consistencia por sí solo, ni en nosotros ni en las cosas; y si nuestra alma ha vibrado, como una cuerda, y resonado de felicidad una sola vez, entonces todas las eternidades eran necesarias para producir ese acostecimiento, y la eternidad toda entera queda, por ese instante único de nuestra aquiescencia, salvada, rescatada, justificada y aceptada.
F. Nietzsche.
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